No cabe la menor duda de que lo sucedido en la SuperFinal de la Copa Libertadores entre River y Boca fue una vergüenza. Durante varias horas, la disputa entre varios medios pasaba por quién se quedaría finalmente con el título. Pero la pregunta del millón realmente es, ¿alguien piensa en los hinchas?

Durante años, el fútbol fue perdiendo su valor por temas políticos y económicos. Ya no importa el deporte en sí, sino quién da más rating en la televisión y quién tiene más fanáticos de su lado para llenar bandejas enteras y así recaudar miles y millones de pesos. Las discusiones más relevantes en los grandes medios de comunicación surgen por chicanas, comentarios fuera de lugar e incluso peleas sin sentido, siempre sobre los mismos equipos. Ya en el olvido quedaron las conversaciones sobre las tácticas o los esquemas, las estrategias de este hermoso deporte, para dar lugar a gritos y así ver quién se escucha más fuerte, sin importar lo que digan.

Durante la disputa de la final de la Libertadores, tanto la Conmebol como los dirigentes jugaron con las personas. Valieron mucho más los derechos que habían vendido al resto del mundo, para que todos vieran este partido, que los hinchas. En la ida, estuvieron casi ocho horas hablando sobre si se jugaría el encuentro o no por las incesantes lluvias. Cuando se sabía hacia días, incluso semanas, que ese finde habría tormentas. No le importó a nadie la gente que fue a la Bombonera y se quedó debajo de la lluvia, escuchando las noticias o pegados a las redes sociales para ver si finalmente se jugaría o no.

Este sábado, luego de un hecho realmente bochornoso, la historia se repitió. Un Monumental completamente repleto a la espera de una decisión que tomó toda una tarde, únicamente para volver al otro día y que sucediera exactamente lo mismo. Y esto no fue obra de unos inadaptados. Se equivocan.

En este caso, hay más de un responsable. Empezando por el servicio de seguridad, que cada día que pasa en este país no sólo no cumplen su trabajo sino que nos dan vergüenza ajena. Luego, la responsabilidad pasa por el club. Tanto River como Boca debieron presionar para que a su gente, la que paga cientos de pesos todos los meses a pesar de la situación económica actual, la protegieran. No era demasiado pedir que sus hinchas fueran cuidados de la lluvia, del malestar, de la espera. No era mucho repartir una botella de agua, mínimamente, para que no se deshidrataran mientras corrían los minutos.

La policía, que no cuenta con la lógica necesaria para darse cuenta que cien no pueden controlar a mil quinientos fanáticos. O tal vez sí la tienen, pero no les interesa, porque al final del día siguen cobrando un cheque como siempre. También deben cuestionar su accionar las personas que terminan siendo cómplices. Las que ven lo que está sucediendo pero no hacen un intento por ayudar, por terminar con el caos. Las que no hacen nada en todo sentido, porque si bien no destruyen, tampoco cuidan. Y, obviamente, ¿cómo olvidar a los barras? Que dicen ser lo más fieles, pero son los que más daño le hacen al club. Aquellos que integran las amenazas a este mundo de pasión y suelen quedarse con sangre en las manos. Felicidades, también están matando al fútbol.

Sin embargo, los que peor deberían sentirse son los más poderosos. No los “inadaptados”, como se dice mucho estos días, sino los otros. Los contrarios. Los que estudiaron durante años solamente para pisar a un compañero simplemente para llegar más lejos y para cobrar más. Los que tienen muchos ceros en su cuenta bancaria y varios contactos en su teléfono, que saben que con un solo llamado arreglan cualquier tipo de problema que los pueda hacer quedar mal. Pero nosotros sabemos la verdad, y sabemos quienes son. Es hora de que den un paso al frente y tomen responsabilidad por lo sucedido. Es hora de que dejen de pensar en la plata y empiecen a pensar en los hinchas.


La opinión de Melany Rios para Clubes Porteños

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